Cuando tienes ese estado de impotencia, quieres romper a llorar, chillar...quieres soltar adrenalina como si no hubiese un mañana para poder calmarte y volver a la normalidad como si nada hubiese pasado.
A veces piensas que lo mejor en esos momentos es desaparecer y aparecer dentro de un buen tiempo, cuando nadie te reconozca y todo haya cambiado.
Las cosas no son así, hay que ser fuerte y afrontar los problemas que vienen de frente, de culo o incluso los que vienen de lateral, de mala hostia, todos ellos hay que saber abrirles la puerta y dejarles pasar, enseñarles lo fuerte que eres y echarlos fuera de tu vida con una patada en el culo.
Tal vez solo haya una solución. Mirar al horizonte, respirar hondo, pisar fuerte y demostrarle al mundo que has llegado para luchar contra todo lo que se te ponga por delante.